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IMÁGENES CIENTÍFICAS DEL ALUMNADO DEL IES MIGUEL CRESPO (FERNÁN NÚÑEZ)

Menos mal que sentimos dolor: la insensibilidad congénita al dolor.

Menos mal que sentimos dolor: la insensibilidad congénita al dolor.

El dolor funciona como un eficaz mecanismo evolutivo, es algo así como información importante palpitando en tu cabeza: “cuidado, evita eso; cuidado, hay un problema; etc.”. El dolor nos permite reaccionar, y también aprender a sobrevivir en un mundo repleto de elementos lesivos.

El dolor lo sentimos gracias a unos receptores especializados presentes en nuestra piel y en los órganos internos: se denominan nociceptores. Pero los afectados por este trastorno genético que impide sentir dolor tiene estas fibras afectadas. En algunos casos se debe a un exceso de endorfinas sintetizadas por el cerebro, de modo que los sujetos estarían continuamente bajo una sensación de analgesia. En otros casos, el problema es un canal de sodio que presenta una mutación. En otros casos, el problema es un defecto en el gen que produce la tirosin-cinasa A, un receptor de superficie de las neuronas embrionarias.

El diagnóstico de esta enfermedad se basa en un test farmacológico (insertar una solución de histamina bajo la piel) y en el examen neuropatológicos (ausencia de fibras amielínicas o fibras C).

En estas personas, curiosamente, las glándulas sudoríparas tampoco están inervadas, de modo que no sudan, es decir, no pueden refrigerarse, por ello sufren repetidos episodios de fiebre. Y un 20 % de estos niños mueren antes de cumplir los tres años por hiperpirexia (temperatura corporal anormalmente alta).

No existe tratamiento para la insensibilidad crónica al dolor.

Y si todavía estáis pensando que una vida sin dolor sería maravillosa mirad algunos casos de niños con esta patología:

"Muchos sufren problemas en la boca, donde se arrancan los dientes o se producen automutilaciones en los labios o en la lengua. Más tarde, suelen sufrir graves daños en los huesos, con fracturas de todo tipo y en las articulaciones, por caídas y saltos extravagantes" .

"La gente siempre dice: Oh, si pudiera librarme del dolor, y yo pienso No sabes la suerte que tienes de poder sentirlo. Cuando le empezaron a salir los dientes a Gabby, comenzó a morderse la mano. Se había atravesado la piel y si le hubiese dejado, habría llegado hasta el hueso. Se veía un grave destrozo, horrible, como si tuviera una hamburguesa cruda en la mano. Tuvimos que extraer los dientes a la niña para salvar sus manos y su lengua, porque se la mordía como si fuera chicle" .

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